En la primera parte vimos que realmente las nuevas tecnologías de verificación textual pueden resultar muy útiles. Sin embargo, estas herramientas de ayuda a la escritura no deberían sustituir nunca al profesional humano, sobre todo cuando si existe un fin editorial. Aún quedan muchas tareas que la tecnología no es capaz de afrontar en el ámbito de la corrección.

¿A qué cosas deberemos seguir prestando atención?

En general, no podemos delegar en la tecnología aquellas tareas de corrección que tengan que ver con una lectura especialmente meticulosa y comprensiva: detectar oraciones ambiguas, descubrir incongruencias por descuido del autor (ej.: un personaje que tutea a otro y en determinado momento lo llama de usted), decidir si es necesario incluir una nota al pie, etc. Continuar

Cuando hablamos de un corrector humano hablamos de un profesional encargado de revisar material escrito por un autor con el fin de asegurar que el lector reciba el mensaje con claridad y sin errores.

Teóricamente, durante el proceso de edición deberían atenderse, como fases sucesivas e independientes, revisiones textuales de diversa índole, a saber: la corrección ortotipográfica, la corrección de estilo, la corrección de concepto y, si se trata de una traducción, también la revisión de la traducción. En toda editorial que se precie, esto se sabe, pero solo en algunas se asume. La realidad es que en muy pocas ocasiones la casa editora encarga convenientemente cada tipo de revisión a un profesional especializado. Lo habitual es que el corrector del texto equis sea corrector por triplicado y él, y solo él, se convierta en el demiurgo mediador entre las ideas y lo legible que se encargue de la ingente tarea que deberían haber realizado tres o cuatro especialistas. La retribución por ello: unos setenta y dos céntimos de euro por cada millar de matrices (o caracteres, incluyendo espacios) para primeras pruebas en pantalla, y alrededor de cincuenta y cinco céntimos si son galeradas, esto es, segundas pruebas en papel. A fin de cuentas, cinco o seis euros la hora (en los casos más productivos). Continuar

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La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha puesto en marcha el blog www.manualdeestilo.com que ayudará a vertebrar los trabajos del primer manual de estilo en español para escribir correctamente en Internet o cualquier otro medio de comunicación digital.

El proyecto, codirigido por el periodista Mario Tascón y la lingüista Judith González, además de ofrecer recomendaciones de uso general, tendrá en cuenta los cambios que provoca en el lenguaje escribir en soporte virtual. Será una guía viva en la red cuyos consejos servirán para escribir bien tanto en entornos digitales como en cualquier otro soporte convencional.

Tascón, fundador de 233grados.com, Practicopedia.com y Lainformacion.com y desarrollador de importantes proyectos de Internet como ejecutivo de grandes grupos de comunicación, destaca que este hipermanual «es una respuesta a las necesidades que plantea el nuevo entorno virtual, y la nueva forma de leer y escribir».
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La participación en los medios en línea es un fenómeno imparable, que ha multiplicado el tráfico de visitas y que está ligado directamente con los ingresos publicitarios. Todos los medios lo fomentan, como no podía ser de otra forma en estos tiempos de la web 2.0 o web social. Sin embargo, este fenómeno desata algunas tensiones.

¿Qué ocurre cuando se publica en un diario digital un comentario insultante u ofensivo de un lector? Existe ya alguna jurisprudencia al respecto que exime de responsabilidad al medio, al revés de lo que sucedía con el papel. Sin embargo, estas cuestiones desbordan el ámbito legal, y periódicamente se levantan quejas. Así, el diario El País, publicaba el pasado día 4 de julio una tribuna de su Defensora de los Lectores, Milagros Pérez Oliva, titulada “Cuando se incumple la propia norma“. Las protestas de los lectores van en dos líneas. La primera: no quieren ver en “su” diario comentarios zafios o poco respetuosos. La segunda: quieren ver sus comentarios publicados al instante. Los dos deseos están plenamente justificados, pero plantean cuestiones difíciles de resolver.
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