El futuro del corrector humano es estar detrás de los ‘softwares’ contextuales y semánticos

La predicción no es solo nuestra. Así se pronunciaba también en el X Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, organizado por Fundéu BBVA y la Fundación San Millán de la Cogolla el pasado mes de octubre en La Rioja.

En esta ocasión, el simposio versó sobre «Manuales de estilo en la era de la marca personal». Esto hizo que los correctores y asesores lingüísticos, representados por Beatriz Benítez (presidenta de La Unión de Correctores, UniCo) y otros colegas del colectivo, adquirieran un merecido protagonismo. Aprovechamos la oportunidad para felicitarles por el acuerdo allí anunciado (y ya firmado) con Fundéu para promover la corrección de textos en el mundo digital. Una iniciativa conveniente y necesaria.

Fundéu-UniCo

La presidenta de la Unión de Correctores (UniCo), Beatriz Benítez, y el director general de Fundéu BBVA, Joaquín Muller, firman el acuerdo de colaboración.

El acuerdo fue la guinda tras dos días de intenso debate. Pero como atentos escuchantes y desarrolladores de tecnología lingüística, lo que nos inspira a escribir es la defensa que observamos, casi consensual, de un discurso procoexistencia: [corrector humano + corrector automático]. Un alegato que cobró especial significación con la intervención de Javier Bezos, coordinador del Manual del español urgente, a la hora de introducir, junto a Benítez, el tercer debate: «Manuales y correctores».


«La charla que toca ahora es sobre el corrector. Yo voy a entender “corrector” en un sentido amplio…», dijo, porque lo importante es hablar de «la aplicación de un manual en la práctica a la hora de escribir en los medios». No podía tener más sentido la afirmación. Se había hablado de cómo construir materiales lingüísticos de consulta, pero ¿cómo asegurarnos de que en la práctica se respetan las normas en ellos establecidas? ¿Es suficientemente fiable y ágil una supervisión exclusivamente humana?

Es obvio que las personas, aún siendo profesionales de la lengua, no somos diccionarios; es imposible tener toda esa información en la cabeza. Podemos consultar los libros, pero «primero tenemos que dudar y no siempre se tiene esa duda». «Necesitamos que algo o alguien nos alerte de lo que hemos escrito, bien o mal, hayamos dudado o no». Hay que hablar entonces también «de las “herramientas” que hay para esa corrección».

Perdonadnos la poca creatividad, esta vez, como autores del artículo, pero no encontramos mejor forma de incidir en nuestro mensaje que haciéndonos eco literal de las palabras de Bezos. Oídle hasta aquí:

«La charla que toca ahora es sobre el corrector.
Yo voy a entender corrector en un sentido amplio…»

 

Para asegurarnos de que se aplican las normas de un manual de estilo, tiene que haber alguien que nos alerte o nos corrija. Lo que nos interesa es que «sea el propio sistema el que nos alerte a nosotros de la posibilidad de que haya algo que sea incorrecto o que ofrezca dudas», o (añadimos nosotros) que necesite de una especial reflexión humana.

Para eso necesitamos sistemas avanzados. Los clásicos correctores automáticos no sirven. Solo podemos abordar este tipo de cuestiones con tecnología contextual y semántica: «porque las dudas que se nos plantean no son necesariamente errores de por sí, es saber si en un determinado contexto podemos utilizar o no una palabra». Tener un punto de partida para que sea el redactor quien tome las decisiones oportunas es uno de los valores esenciales de estas nuevas tecnologías.

«nos interesa es que sea el propio sistema el que nos alerte a nosotros
de la posibilidad de que haya algo que sea incorrecto…»

 

Planteaba Bezos, además, lo interesante que resulta poder establecer una realimentación personal en la automatización: «Si el periodista se encuentra con una duda [que no resuelva la aplicación], que la pueda plantear como incorporación a este “manual informático”», de tal manera que exista la posibilidad de ir ampliando y perfeccionando el proceso.

Efectivamente, Javier: «Esto no es pensar en el futuro», ¡ya existen herramientas como Stilus!

«Esto no es pensar en el futuro […],
ya existen herramientas como Stilus»,

 

Pero ¿quién está detrás de todo esto? Naturalmente, deben estar los correctores humanos.

«A lo mejor el corrector ya pierde parte de su función de coger el texto y de ir revisándolo para marcar lo que está bien o lo que está mal. A lo mejor la futura función del corrector es estar detrás de estos sistemas que te permiten la corrección».

El especialista debe estar detrás para vigilar la salida automática (validando estos resultados), pero también «debe estar detrás» para programar los contenidos lingüísticos de la aplicación o asesorar al equipo técnico que los implementa. Así es como trabajamos en Stilus desde hace más de 15 años.

«Detrás de esto tiene que haber alguien…»

 

@Fundeu: Resumen del debate en tuits. «Manuales y ‪#‎correctores‬, pero si hay que elegir me quedo con…» ‪#‎manualesdeestilo‬

 

¿Qué te han parecido los razonamientos de Javier Bezos? Nosotros también los defendimos el año pasado en el mismo foro. Escucha el resumen de nuestra intervención en este último vídeo y observa cómo ya es posible poner en práctica estas teorías:

Stilus. Tecnología 3.0 para la corrección
Resumen de nuestra intervención en el IX Seminario Internacional de Lengua y Periodismo:
«El español del futuro en el periodismo de hoy»

¡Aprovechemos las nuevas tecnologías de corrección para hacer

«que los manuales de estilo vengan a nosotros»!

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